sábado, 7 de septiembre de 2013

Hace dos años... recordatorio y reflexión de mi vida pasada.

Me encanta el pasado. De hecho, creo que me dedico más a estudiar el pasado y examinarlo que a preocuparme por el futuro. Éste ya llegará... Aunque, como bien dijo Confucio una vez, si estudias el pasado, pronosticarás el futuro. Y estoy totalmente de acuerdo. Pues la Historia, queridos/as lectores/as, es cíclica, y no lineal, como dicen las grandes religiones monoteístas [al menos esto es lo que yo creo]; es decir, que es un proceso que se repite.
Así, tengo cierta tendencia a mirar hacia atrás sobre todo en lo referente a mi vida. Me podéis tachar de egocéntrico, y quizás lo sea, no estoy seguro. Sé pocas cosas de mí. Pero sí sé lo que he vivido. Así, recuerdo... Y al leer una entrada en uno de mis blogs favoritos [por no decir mi blog favorito] que trataba (y trata) de un examen de nuestra vida de hace dos años, me han entrado ganas de escribir algo sobre ello aquí, en mi blog. Podéis leer la susodicha entrada aqui: Hace dos años: batería de preguntas a las que no tenéis por qué contestar. Es muy recomendable.
Temo pecar de egocéntrico. Pero bueno. Soy humano.

  Hace dos años yo tenía dos años menos y era más bajo, más gordo, más tonto, más inocente, más tímido y más introvertido. Hace dos años mi principal función en este mundo, aquello a lo que dedicaba más tiempo y más esfuerzo era a mis estudios en el instituto. Era mi vida. La satisfacción de las buenas notas, el reconocimiento de mis profesores y mi familia, y el mío propio, me tenían casi ensimismado con la cuestión. Otra cosa a la que dedicaba casi todo mi tiempo era a la lectura. Pero esto era por afición. Ocio. Me encantaba [y me encanta] leer, y devoraba novelas, todas las que pillase. Era mi gran pasión... Aún no había descubierto la música, el cine, la Filosofía... El deporte hacía ya algún que lo había desechado de mi batería de oportunidades al verme casi como un negado para ello. Al principio me dolió pues casi todos mis amigos jugaban, al menos, al fútbol, pero después me acostumbré. Quizás por esto nos distanciamos un poco. Amigos. Ésa era otra cuestión. No tenía muchos amigos. Amigos de verdad ninguno. Hace dos años era un niño incomprendido [aunque ahora lo sigo siendo], más bien solitario, introvertido y muy tímido. A parte de estas últimas dos cualidades, que no me hacían un gran tipo para eso de la vida social, era yo muy cerrado ya de por sí y además no compartía los mismos gustos e intereses que mis contemporáneos. Para nada. Respecto a esto, éramos casi como el día y la noche. Si ellos preferían el deporte, yo prefería la lectura; si ellos preferían los móviles, yo prefería la lectura; si ellos preferían las chicas, yo prefería la lectura. Lo que se dice ''rata de biblioteca''. Algo así. Hoy estoy orgulloso. Entonces, algo enfadado conmigo mismo y avergonzado. ¡Pero es que no era capaz de amoldarme a sus gilipolleces! Hace dos años me di cuenta de que yo no era como ellos/as: no podía seguirles el rollo, porque su rollo no era mi rollo. Era diferente. Pero lo que se dice muy diferente. Y aunque ellos nunca me lo dijeron, yo era un bicho raro. Esto, sin embargo, no hacía que se metiesen conmigo: nunca sufrí por ello, pues nunca me acosaron. Me tenían más bien respeto en aquellos tiempos, al igual que ahora. Quizás fuera que eran más educados que ahora... El caso es que, hace dos años, yo tomé mi camino, y los que eran mis amigos, tomaron otro. Contrarios. No podíamos juntarnos, porque éramos completamente diferentes. Y fue entonces cuando mi visión del ser humano se recrudeció: fue hace dos años cuando empecé a experimentar una serie de sentimientos e ideas que podrían catalogarse como misantropía, si bien bastante débil. Me daban pena los chavales de mi edad; incluso a veces asco. Y ahora, que he cambiado muchísimo desde entonces, también conservo algo de misantropía, e incluso puedo notar cómo crece por momentos. Pero no es demasiado. Yo creo que todos tenemos algo de aversión al resto de individuos de nuestra especie. Yo creo que más que el resto, pero bueno, ya hace dos años me di cuenta de sobra de que no podía ser como el resto. Y abandoné. Y tomé mi camino. Y fui yo, y dejé de alimentar la idea de ser como el resto quería que fuera. Esto me costó: amistades, integración, ''vida social''... Pero, de hecho, no me importaba. Toda mi clase salía hasta tarde, y yo disfrutaba de la compañía de mi abuelo; toda mi clase se emborrachaba, y yo leía y devoraba historias, inventaba otras nuevas por la noches; toda mi clase contaba al día siguiente con quién se había liado en el botellón de ayer, y yo callaba y pensaba en mis cosas, despreciando al asqueroso ser humano. Y lo despreciaba. En esos momentos, casi despreciaba a todos mis compañeros. Era diferente. Y punto. Pero mis valores, mis ideas, mis sentimientos, mi filosofía de la vida chocaba frontalmente con la suya, y aunque no hacía nada por evitar todo eso que a mi me parecían verdaderas barbaridades, sí alimentaba mi misantropía adolescente. La adolescencia. Esa enfermedad que todos sufrimos, unos de una manera, y otros de otra. Unos gozan con ella; otros sufren. Yo sufrí con ella, e incluso me atrevo a decir que sigo haciéndolo. La adolescencia, aunque en los libros se describa en términos generales, no es en ''términos generales'' en la vida real, en la práctica. Me explico. No todas las personas pasamos la adolescencia de la misma manera. La mayoría de los jóvenes se hacen muy rebeldes, muy juerguistas, egoístas, sólo piensan en salir, beber y no estudiar. En chicas y en sexo. Pero hay otras personas que no viven su adolescencia así: hay otras personas que estudian, que se cierran en sí mismas, que no tienen amigos, que no les gusta salir... Yo era una mezcla de ambas, con un poco más de la segunda. Algo raro. Quizás fuera que a mí la adolescencia me llegó más tarde que al resto de jóvenes que conocía. Eso pensaba. Pero ahora estoy seguro de que no: soy algo a parte, soy raro, soy diferente, y punto. Con adolescencia o sin ella. La adolescencia no siempre significa tener un millón de amigos y salir hasta las tres de la mañana y emborracharse. A veces, la adolescencia significa sacar nueves, estudiar hasta las diez y no probar el alcohol; estar toda la tarde en casa escuchando música o leyendo... Así que no volváis a juzgar a un chico/a adolescente por no hacer lo que el resto de ''su quinta'' hace. Para mí, es un afortunado. Es él/ ella. Como diría una buena amiga, es persona.
  Pero volvamos al tema. Hace dos años mi vida se reducía a tres palabras: instituto, libros y familia. Y creo que era feliz. Sin embargo, ¿cómo no iba a ser feliz si era lo único que tenía, era mi vida? Pienso que ahora, cuando pensamos y recreamos nuestro pasado, queramos o no, y de manera inconsciente, lo juzgamos. Pero no lo juzgamos de manera objetiva; más bien, usamos, me atrevería a decir que inconscientemente, nuestra potente subjetividad. Así, lo que entonces nos parecía horrible, ahora, al recordarlo, lo suavizamos inconscientemente, con el objetivo de no hacernos tanto daño, para ver (engañándonos) que no éramos tan tontos, tan inconscientes, tan poco felices... Es decir, que al juzgar nuestro pasado, suavizamos los hechos dañinos para nosotros y exaltamos los que nos parecen buenos. Y yo ahora siembro en mí mismo la semilla de la duda... ¿Era yo hace dos años un niño feliz? Quiero pensar que sí, y al querer que sea así, entonces lo acepto y quiero decir sin pensar más: sí, era un niño feliz. Con mis manías, con mi ''soledad'', con mi leve misantropía... Pero... No era feliz si comparamos mi situación con la actual. ¿O sí? ¡Es todo tan complicado, tan diversificado, tantos recovecos, tantas desviaciones, tantas salidas al vacío, tantas escaleras que no llevan a ninguna parte, tantas puertas cegadas...! ¡Es imposible que el ser humano, con su capacidad finita, pueda entender la vida, que es infinita! ¡Y eso que somos parte de ella, que la vida se debilita cada vez que alguien muere, que la vida se refuerza cada vez que alguien nace! Me es difícil postularme respecto a si era feliz o no. Sufría y me divertía. Tenía momentos tristes y momentos felices. Pero, en líneas generales, puedo decir que, bueno, fui un chico más feliz que triste.
  Hace dos años no sabía casi nada. Nada comparado con lo que sé ahora. Me refiero a ''conocimientos''. Y sin embargo, sabía más que mis compañeros de clase.
  Hace dos años lo único que me importaba era llegar al sobresaliente y tener tiempo para leer y para estar con mi abuelo. Le adoraba. Y le adoro.
  Hace dos años ya no tenía la esperanza de encontrar la verdadera amistad, tal como yo la concebía en el seno de mi alma, de mi razón, ayudado, quizás, por los libros fántásticos que leía.
  Hace dos años supe que yo no era como el resto. Y, quizás por defensa propia, quizás por un egocentrismo que empezaba a nacer en mí ya tan jovencito, supe (o creí) que podía ser superior al resto. Superior era en todo lo que me importaba. En todo lo que mis padres me habían enseñado que importaba: la buena educación, los buenos modales, los estudios, la responsabilidad... Excepto en la amistad. En eso fallé. Pero no me arrepiento. Sé que me hice más fuerte. Sé que podría haber cogido el toro por los cuernos hace más de dos años y ser como ellos. Pero en su momento no lo hice. Y hace dos años ya era tarde. Y ya sabía lo que era mi vida. Y lo acepté. Y me rodeé de ello. Y me prometí conseguir ser superior a ellos en un futuro. No era venganza. Era... superación. Era contrarrestar. Sobrevivir. Marcarse un reto en la vida. Agarrarse a un clavo ardiendo. A una esperanza. A una ilusión. Y así, la semilla de la ambición empezó a crecer en mí. Una ambición buena, claro. No planeaba llegar a Presidente del Gobierno, claro. No tanto. Simplemente, ayudar a la vida a que me mostrase, años después, que mis esfuerzos y mi actual situación me harían empujarme alto, por encima de esa panda de gilipollas.
  Y es hace dos años cuando surgieron en mi ideas y sentimientos que ahora aún tengo e incluso alimento: algo de egocentrismo, algo de misantropía, algo de creerme superior en varios aspectos, e incluso saber que llegaré más lejos que todos ellos. Eso es, al menos, era lo que me mantenía vivo hace dos años. La esperanza de que la vida pondría a cada uno en su lugar, y de que yo conseguiría, con seriedad y esfuerzo, el sitio que me merecía, mucho por encima de todos esos patanes estúpidos, ignorantes, vagos, borrachos y degenerados que eran mis compañeros ya no de clase, si no de instituto. Yo podía no tener mil amigos, yo podía no salir por las tardes, pero, en un futuro, todo esto se vería recompensado. Y aún lo espero. Y lo alimento.
  Creo que fue precisamente hace dos años cuando forjé la mayor parte de mi actual ''personalidad''. Fue precisamente hace dos años cuando mi corta vida llegó a un punto de inflexión que decidiría el camino que tomaría. Elegí, o tuve que elegir, el más duro, en mi opinión, pero también el mejor. Aún estoy en él. Y estoy orgulloso de ello. Ese año, dos años atrás del actual, fue muy importante para mi vida. Cambió mi camino y mi personalidad.Y aunque puede que lo pasara mal, no me arrepiento. Ahora pienso en todo lo que podría haber perdido si hubiera escogido el camino de los otros, y no me arrepiento para nada de haber escogido mi camino, tan diferente al de cuantos me rodeaban.
  Hace dos años era, quizás más que ahora, uno más en este mundo, pero uno más sin conciencia, uno más era pero no tenía conciencia de que lo era. Y quizás sea esto una parte de la recompensa que creo, aún, me debe la vida. Y esperaré con paciencia el resto. Quizás sea esto una de las mejores cosas que me ha dado la vida de dos años para hoy. Soy consciente de que no mucha gente tiene conciencia, está seguro, de que es ''uno más en este mundo''. No muchos se paran a pensarlo. No muchos toman conciencia de lo que de verdad significa, de la amplitud de dicha proposicón. Pero, los que se dan cuenta, jamás lo olvidarán, y siempre lo tendrán presente. Y lo tendrán en cuenta a todo momento. Y será un bonito regalo de la vida. Serán filósofos.
  Y ahora estoy mucho más orgulloso de considerarme filósofo que de considerarme un juerguista, como podía haber sido. Ahora estoy mucho más orgulloso de encerrarme con mis libros de Filosofía e Historia que de emborracharme con mis ''amigos''. Y esto se lo debo a mi vida de hace dos años. Así que, no me queda otra cosa que decir que GRACIAS A TODOS LOS QUE DESPRECIÉ Y A LOS QUE ME APARTARON, PORQUE OS DEBO PARTE DE MI ACTUAL VIDA. De mis claras convicciones. De mis claros ideales. De mi clara ideología. De mi esfuerzo. Esfuerzo. Esfuerzo. Esfuerzo. ESFUERZO. Porque esto es la vida, lectores/as, ESFUERZO. Y no hay más.
  Pero dejemos ya de hablar de mí... Ya estoy harto. Con lo inmenso que es el Universo, con las grandes preguntas que nos quedan aún por resolver y que mueven el motor del progreso y mantienen viva la inteligencia humana... ¡Con la infinitud del mundo y la sabiduría, ocupar tanto espacio hablando de una cosita insignificante en una parte alejada de la inefable vida!

No llores por ser diferente; estarías llorando por ser más tú que el resto de las personas que te rodean.

ÁngEl

P.D.: Perdonad si os he parecido prepotente o egocéntrico. Es una reflexión y un recordatorio duro para mí. No pretendo dar lecciones, tan sólo repasar las que me ha dado a mí la vida. Yo no pretendo vanagloriarme de tener una vida dura; no la he tenido en comparación con mucha otra gente para lo que esto no es absolutamente nada. Y a esa gente la admiro y la apoyo.

4 comentarios:

  1. Oh! No sé, qué decirte. Qué palabras más profundas.
    No te ha faltado nada por decir, no te falta de nada, de verdad te lo digo, creo que has dado en el clavo. Me has hecho pensar y sé que todos hemos sufrido esos momentos, yo también, claro. A todos nos ha costado decidirnos por nuestro camino y empezar a tomar nuestras propias decisiones, eso esta claro. Pero aquel,que, reconoce su esfuerzo por conseguir sus objetivos o sus metas, aquel que consigue ser feliz haciendo lo que de verdad le gusta, ese es el que se va a sentir feliz y el que va a tener una vida con más supersticiones positivas, ese es el que va a tomar su propio camino, sin que nada ni nadie intervengan en él. Porque sólo él será dueño de su cuerpo.

    Él será diferente porque pensará por sí mismo y hará lo que él decida, se dará cuenta de que los demás no hacen lo correcto y no piensan por sí mismos, se dejarán guiar por otros...
    Si todos hiciéramos caso de lo que te dijera el de al lado, entonces nos perderíamos a nosotros mismos...
    Qué razón tienes con lo del ESFUERZO, la vida es eso: sufrimiento, sueños y amor. Nuestros días se basan en cosas malas y cosas buenas, y primero estará lo malo (durante la adolescencia) hasta que encuentres el amor, después,(y bien, aquí, que no me refiero al de otra persona...).

    Qué bien conectas con tú alma ÁngEL, TE FELICITO. SABES MUY BIEN EXPRESARTE. Serías todo lo que tú fueras, pero me has dejado sin PALABRAS.

    Un Saludo, PablIIS ;&

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  2. Pues sí me han quedado varias cosas por decir... Pero bueno, siempre me ocurre que, al terminar de escribir una entrada, me da la sensación de que no está bien escrita o planteada, y no me gusta. Pero es lo que hay.

    Me parece que he transmitido la idea de ser un niño serio, taciturno y cerrado. Pues no era así. Casi siempre sonreía y me mostraba alegre... no sé, al releer el texto me ha parecido excesivamente serio. Bueno...

    Gracias Pablo de nuevo por comentar. Siempre estás ahí!! :)

    Tienes mucha razón en lo que dices... Pero hay una cosa que no me ha quedado clara de tu comentario... Dices que primero viene lo malo con la adolescencia y luego lo bueno cuando encuentras el amor, y que este amor no tiene por qué ser hacia otra persona... ¿Te importaría explicarlo brevemente? Gracias.

    Saludos,
    ÁngEl

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  3. :O
    Me encanta. Me encanta. Mencantaperoloquesedicemucho.
    Lo primero de todo, gracias por responder tan bien a mis preguntas fruto de unos momentos pensativos cualquieras. Eres la pera limonera. Tengo tantas cosas que acotar, comentar o recordar que he decidido apuntarlas en un papel y ya te doy para que te rías un rato.
    Pero así a primera vista, qué decirte además de que me he sentido completamente identificada con el 50% de tu vida pasada. Lo sabrás ya de sobra, pero para mi esa diferencia es una herida que aún no está cerrada y cuya cicatriz nunca desaparecerá...Mi manía persecutoria y algo de neurosis e introversión lo ratifican. Sí, se coge otro camino del todo paralelo, el único de la encrucijada que va por el bosque tenebroso. Y luego, al llegar al final, pues aquí estamos todos. Y ya ves, vivitos y bastante felices :)


    Respecto a tu duda de la idea que has transmitido sobre ti (y digo tu y no un niño, porque tener 15 años no es ser un niño, ¿estamos?)...No te preocupes. Es un retrato muy acertado, misantropía incluida, de la primera impresión que alguien puede tener de ti, la parte superficial, la punta del iceberg. Descuida, el fondo de la caja donde se esconde el truco de magia está bien accesible para las personas que se atreven a descubrirlo...Y esas son las que importan.
    ^^)

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    1. Jajajaja... me ha chiflado tu última metáfora. Elegante y certera. Genial.
      Bueno, pues me alegro de que te gustara. Sólo quiero comentarte una cosa... ¿Aún esa ''herida'' está sin cerrar? Y, ¿a qué esperas para cerrarla? La fuerza del pasado es enorme, pero no debemos dejar que venza a la del futuro. Porque éste somos también nosotros. Y debemos labrarnos. Así como cuando miramos al pasado en nuestra vida vemos una parte del edificio que empezamos a construir hace años, también si miramos al futuro veremos mucho espacio para seguir construyendo ese enorme edificio, y muchas posibilidades, materiales y métodos... Así pues, Carmen, cierra esa herida. Aunque es verdad que siempre nos dejará una herencia... que sin embargo, puede ser alterada. ¿Qué no puede ser alterado en esta vida? Todo es muy complejo. Yo hace tiempo que dejé de martirizarme por no entenderlo. Pero hay que intentarlo, poniéndolo todo para no sufrir, pero intentarlo. Vivir. Y vivir feliz. Con amarguras, con desalientos y tristezas. Pero vivir. Y feliz. Hay expertos montañistas a los que les gustan las montañas altas y escarpadas, rugosas y con piedras que se mueven... a otros les gustarán las montañas nevadas, y a otros les gustará bajar a kilómetros de distancia del suelo. Pero todos son felices al final, cuando llegan a su destino, a la cima. O llegan y son felices, o mueren en el intento. Eso. La cima de la vida, por caminos diferentes, más fáciles o más difíciles, pero llegar. Y disfrutar de las vistas.
      Saludos,
      ÁngEl

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