Suena a paradoja, a falacia, a locura o a tontería. Imponer la igualdad en la diferencia y además, siendo compatibles. Es como mezclar el blanco y el negro y apreciar perfectamente los dos colores: improbable [rehuyo el término ''imposible''; un verdadero filósofo no lo utilizaría, a mi modo de ver]. Pero no. Aún no estoy tan loco, y afortunadamente, no soy tonto. Sé que es improbable. Pero veamos porqué puede pasar a ser probable, si dejamos la cuestión en manos de un filósofo loco que medita sobre la abrumadora existencia de sus contemporáneos y la infinitud complejísima de la realidad exterior envolvente al sujeto en sí, por cuanto existe, y por cuanto no existe, y al resto de sujetos que crean la circunstancia vital del camino del vivir y la pompa de la existencia.
Ejem...
Un día, lo que hoy entendemos por ser humano se dio cuenta de que no era lo mismo ser un ser humano con una cosa en la entrepierna que ser un ser humano con otra cosa diferente en la entrepierna. Y así, ambos seres humanos que diferían en la materia ''entrepierna'' tomaron conciencia de que no eran iguales en el espacio que ocupa su entrepierna. Y se sorpenderían, me imagino [yo lo hubiera hecho, pero nunca se sabe... esto es casi pura especulación... vamos, que si pudiera leer Hume mi blog lo mandaría ''a las llamas''...]. Y luego, estos dos seres humanos iguales pero diferentes en la entrepierna se dieron cuenta de que, fruto de esa diferencia, surgían otras muchas. Que, por ejemplo, un ser humano sangraba una vez al mes sin morirse, y hacían lo mismo el resto de seres humanos que tenían ''algo'' específico en la entrepierna. Y los que tenían otra cosa no. [Y se acabó, joder, tanto rollo edulcorado...] Así que los seres humanos tomamos conciencia de que no éramos todos iguales. De que había diferencias importantes entre nosotros, en su mayor parte biológicas. Y éstas diferencias biológicas marcaron el límite entre lo después denominado ''varón'' y ''mujer''. Y también estas diferencias biológicas condicionarían el puesto de cada persona en el sociedad, ya fuera una sociedad prehistórica no desarrollada como antigua y desarrollada. Osea, coño, que los seres humanos no somos todos iguales: hay hombres y hay mujeres.
Ésta diferencia se ha venido acentuando tanto por el ser humano a propósito como por el humano sin propósito. Es decir, que hemos separado a los ''dos sexos'' de seres humanos a lo largo de toda la Historia. Y lo hemos hecho, principalmente, en la sociedad. Así, la mujer se ha encargado de unas cosas, y el hombre de otras, dentro de la sociedad: política, castas, costumbres, hogar, ocio... También en la religión. Y también en la cultura. Las diferencias entre los dos sexos no han hecho más que acentuarse y separar así, poco a poco, uno de otro. Sin embargo, no han llegado a hacerlo: ambos son necesarios para la continuidad de la especie que encarnamos (homo sapiens) y ambos lo sabemos. Un hombre no puede procrear por sí solo, y una mujer tampoco puede tener hijos sola. Pero ¡ojo! Sí un sexo ha podido dominar sobre el otro. Porque, y aquí viene lo interesante, a lo largo de la mayor parte de la Historia de la Humanidad (es decir, nuestra jodida Historia), en un promedio global de todo el territorio de la Tierra etc, un sexo ha ''dominado'' sobre el otro. Y ese sexo ha sido, y prácticamente es (y aquí viene el meollo del asunto) el sexo masculino. El primer sexo o sexo fuerte, según la brillante intelectualidad humana [masculina, por cierto] occidental. Y así, el hombre ha dominado relativamente y no relativamente a la mujer desde hace milenios, amparándose en su mayor fuerza física, valentía, y otras variables que constituyen la llamada ''virilidad'' y que parece que han hecho al hombre superior a las mujeres. También se ha amparado en los llamados argumentos de autoridad, siendo ejemplos de éstos el reconocido filósofo griego de la Antigüedad Aristóteles (quien decía que la mujer es un ''hombre imperfecto'') u otros filósofos y teólogos del medioevo como Santo Tomás de Aquino. No es extraño el hecho de que en Europa no hayan surgido filósofas importantes y reconocidas. Bueno, sí que es extraño. Lo que no es extraño es que los hombres las hayan tapado, pues filósofas, haberlas, las había, y las hay, si bien menos que filósofos. [Pero no introduzcamos esta ''guerra de sexos'' en la Filosofía, por favor].
Qué curioso.
Por qué el hombre ha mandado sobre la mujer en la Historia más reciente (y con ''reciente'' me refiero a dos o tres mil años antes de nuestro año actual) es algo que me interesa y me fascina. ¿Qué ha tenido el hombre que no haya tenido la mujer? ¿Por qué no la mujer se ha levantado antes contra esta ''dominación''? ¿Por qué no triunfó la sociedad matrialcal imperante durante una parte de la Prehistoria en algunos grupos de población? Todo esto me lleva a pensar que para nosotros, echando un vistazo a la Historia, e incluso a nuestra propia época, el Siglo XXI, nos es meramente INCONCEBIBLE que sea la mujer la que ''mande''. A mí por lo menos. ¿Por qué? Simplemente porque el orden que actualmente impera en el mundo humano no me parece compatible con el orden que impera en la psicología femenina. [Por favor, si algún psicólogo o filósofo con criterio me leyera, que me corrija si no son ciertas estas barbaridades fruto de la impunidad de que disfruta mi razón teorizando libremente...]. Pues así es. El orden global, el orden reducido y agrandado al concepto de ''orden social mundial'' que está sobre y en nosotros actualmente no concuerda con la mente y el orden femenino. Es decir, que de ''haberse impuesto'' las mujeres en la sociedad, ésta sería muy muy distinta a como es ahora (y eso ninguna mujer feminista me lo puede negar... ¿no es así?).
No me imagino a un montón de mujeres avanzando contra otro montón de mujeres portando estandartes y espadas, y cortándose las manos y las cabezas en cruentos combates por la Reina y por el Reino. No me imagino a mujeres confesando y acusando de pecadores a hombres o mujeres en una iglesia. No me imagino a mujeres trabajando duramente todo el día y a hombres cuidando a sus hijos y haciendo la comida, como si fuera ésto lo más normal y lo más corriente. No me imagino a mujeres pegándose en altos rings y siendo televisadas y vistas por mujeres con cervezas en la mano. No me imagino a mujeres jugando al fútbol y acudiendo en tropel a los estadios. Y no me imagino a mujeres amenazándose con hundir el mundo en un mar de bombas nucleares. No. Es difícil. Es otro orden. Un orden masculino. No uno femenino.
Así, lo siento, queridas mujeres: la Historia está levantada sobre los hombros de los hombres; está suspendida sobre sus decisiones y su sangre. Y el mundo y el orden actual, así como la Historia misma, están hechas a imagen y semejanza del hombre. Para lo bueno y para lo malo.
Esto es, quizás, exagerar un poco. Pero en todas las aproximaciones, en todas las medias, en todas las estimaciones y en todos los cómputos totales se tiene que exagerar para aproximar y quedar un resultado más o menos homogéneo e inteligible. Afortunadamente, ahora la mujer es mucho más libre, y podemos decir que no está ''doblegada'' bajo los hombres... Al menos en una buena parte del planeta.
Actualmente, la mujer no está subyugada al hombre. No es palpable y fácilmente visible como hace no tantos años. Sin embargo, la mujer aún sigue subyugada bajo algo. No bajo el hombre. Pero sí bajo el orden. Bajo el orden del hombre.
Esto último suena altamente feminista, e incluso hembrista. Puede ser. Pero para mí es la realidad. Y ¡¡antes de que ninguna lectora me ponga verde o grite histérica ''¡¡Viva la revolución de la mujer!!'' haré unas aclaraciones!! La mujer, a mi entender, sigue subyugada. Pero esta vez bajo el orden. El orden del hombre. Pero es que también el hombre está subyugado bajo el mismo orden, bajo el propio orden. Bajo el sistema. Tanto hombres como mujeres están absorbidos por el sistema. Un sistema creado por el hombre y que ha evolucionado. Y que ha atrapado a hombres y a mujeres. Más a mujeres. Pero también a los mismos hombres. Y esto es ley de vida. Somos enanos que creamos un mundo grande, y éste nos atrapa. Y así es. Pero puede ser así en igualdad. O puede ser así con un sexo algo por debajo del otro, como ahora.
Y yo quiero que sea en igualdad. Porque, señores y señoras, a pesar de todo lo conseguido a lo largo de nuestra Historia por el movimiento feminista, seguimos sin igualdad. La igualdad está en muchos papeles, en muchas leyes, en muchos mítines y en muchas mentes. Pero no está en la calle. No está entre nosotros. La igualdad no puede estar en nosotros porque evidentemente no somos iguales (¿recordáis lo de la entrepierna?). Pero puede estar entre nosotros. Y no lo está. Ahora, que no nos podemos quejar. Hace años la cosa estaba bastante peor...
Aprendí en clase de Filosofía que el ser humano se había ''escapado'' de la evolución biológica (aquella teoría de Darwin tan sumamente interesante... [y no es sarcasmo ni ironía]), pero que ahora está inmerso en la llamada ''evolución cultural''. Es decir, que el ser humano ha creado la cultura, que es la información que se transmite socialmente. Y la cultura, es decir, esta información, evoluciona. Con ''evolucionar'' entendemos a un proceso de acumulación de información y de cambio de esa información que se sigue acumulando y cambiando... Es maravilloso, ¿verdad? Pero bueno, dejemos estas clasecitas de Filo para otras entradas... Pues la cultura no siempre ha sido la misma. Así, unas veces la mujer ha estado más subyugada y otras menos, e incluso seguro que alguna vez ha sido la ''regidora''. Pero la cultura no es el factor determinante. ¿O sí? ¿Podríamos, mediante la cultura, dar un cambio al orden viril impuesto y establecer una sociedad igualitaria? ¿O deberíamos hacerlo sin la cultura, y por las armas y la violencia? Hagamos un experimento... Seguro que un hombre elegiría, o al menos creería que sería más efectivo, hacer ese cambio mediante la violencia. Y una mujer lo haría mediante la cultura. Pues así es el orden. No hay concordancia entre la psique masculina y la femenina. Por lo tanto, el orden masculino no concuerda con el femenino [una vez más, generalizo quizás en exceso, pero no puedo hacer otra cosa, sólo pedir perdón por ello...].
Y lo que quiero, y voy a decirlo ya de una vez, demonios, es nada más y nada menos que una sociedad igualitaria. Un orden igualitario. Justo. Entre el hombre y la mujer. Y una convivencia amable y sensata.
Es pura utopía, o casi una utopía; creo saberlo. Pero bueno. Está en la Naturaleza de las personas creer en sueños improbables... Por otra parte, si hace miles de años, y con la evolución cultural, se ha creado un orden basado en la ''hegemonía'' del hombre [y sigo exagerando], ¿por qué no va a crearse un orden basado en la igualdad, o en la ''hegemonía'' de la mujer? Éste segundo lo veo más difícil y menos próspero, aunque reconozca que a muchas mujeres les guste. Pero es mejor, sinceramente, el orden basado en la igualdad de sexos. Y se acabaría así la odiosa ''guerra de los sexos'' tan pesada. Por otra parte, si hacemos caso a Hegel y a su dialéctica... lo que toca ahora es la hegemonía de la mujer, y tiempo después, la hegemonía de la igualdad. Pero el ser humano es algo extraordinario. Y como tal, está en su derecho, y en su naturaleza extraordinaria, hacer cosas extraordinarias. Y construir un orden igualitario respecto a sexos es un hecho extraordinario.
Ya no me queda más que terminar de aclarar el título. Lo que pretendo es ''imponer la igualdad en la diferencia y ser compatibles''. Es decir, ayudar a que el hombre y la mujer se reconozcan de una vez por todas como iguales en su marcada diferencia. O sea, construir una sociedad en la que el hombre y la mujer sean iguales respecto a los niveles y valores sociales, pero siguiendo siendo diferentes respecto a su biología y psicología.
No somos iguales. Pero nos podemos tratar con igualdad.
Biológicamente y psíquicamente no somos iguales. Pero socialmente podemos serlo.
Acabar con el machismo y la desigualdad entre sexos. Encontrar un equilibrio. Un equilibrio de paz y convivencia feliz, relativamente. Porque algo tan diferente como un hombre y una mujer siempre tendrá sus diferencias y siempre habrá problemas por ello, discusiones... A los que ganará, cómo no, el amor y la voluntad de la especie. La de procrear, trascender, perpetuar tu especie y tu linaje.
Yo, hombre, sueño con una sociedad igualitaria entre hombres y mujeres. Sin eliminar nuestras diferencias, porque son lo que nos caracterizan. Pero imponiendo tolerancia y con ella igualdad.
Sin pasarse de un lado ni de otro.
Es difícil. También improbable. Pero puede dejar de ser improbable si las circunstancias y las mentes pensantes son las adecuadas...
Lo último que me falta de este discurso feminista es gritar ''¡Viva la Revolución de la Mujer!'', grito que he oído varias veces. Seguro que muchos, sobre todo el público femenino, lo esperáis. Pero no lo voy a hacer. No lo pienso hacer; porque no lo comparto. Mi particular grito es
¡Viva la Revolución de los Sexos!
[Hala, ya podéis despotricar contra mí...]
Una fortaleza construida con piedras diferentes y una misma argamasa.
Una sociedad de hombres y mujeres unidos por la igualdad.
ÁngEl
P.D.: Para aquellos que me conocen... Sí, puede que haya cambiado algo de opinión respecto a este tema. Pero seguiré defendiendo igual que antes la virilidad y los derechos y deberes de los hombres, y lo que creo justo de los hombres y las mujeres. No creáis que habéis vencido completamente respecto a mis ideas previas... Igualdad. No perfecta. No todo mujer. Menos lobos, caperucita...



