Gracias al comentario de Pablo Rodriguez a mi entrada ''Aquella mujer a la que muchos amamos'' me ha suscitado esta duda, esta pregunta. Y, como todo ser humano algo capaz, cuando me surgen preguntas, me remuevo inquieto buscando una respuesta. Lo cual se traduce en pensamientos. Es decir: riqueza. Así que, gracias, Pablo, por comentar y plantear tus dudas. Es así como surgen las grandes pensamientos y razonamientos, mediante la edificadora acción de la duda. (Y si no están seguros, lean ''El Discurso del Método'', de René Descartes, en el cual este filósofo barroco edifica todo el rascacielos del conocimiento moderno a partir de una ''duda metódica'').
Ahora entremos directamente en la cuestión. Intentaré ser breve. La pregunta está en el aire. Ahora es cada lector quien debe interpretarla. Yo haré mi propia reflexión. Para quienes no conozcan lo que es sentir el amor flotando en cada poro de su piel, deseando saltar a exterior enfervorizado al ver o tocar a la persona amada, vale imaginar o poner otro ejemplo. Pero, vamos, somos seres con una extraordinaria capacidad para inventar cosas que aparentemente no existen. Y el amor existe. Imaginemos por unos momentos que estaos enamorados de alguien. Escojamos una persona especial para nosotros. ¡¡O NO!! No escojamos a nadie. ¡Dejemos que nuestra intuición escoja por nuestra razón! Es a través de ella por la que se manifiesta bastante el corazón, sede metafórico del amor. Pensemos en amor, y la persona que nos venga a la cabeza, evaluemos ya si es apta o no para enamorarnos de ella. Por supuesto que no se trata de eso. Sólo es un experimento... Una vez tengamos la persona que será objeto de nuestro amor, intentemos concentrarnos en ella. ¿Por qué podemos llegar a quererla, a enamorarnos de ella? ¿Qué nos gusta de esa persona, qué nos atrae, qué nos parece exótico, atrevido, divertido o ''guay''? Y lo contrario: ¿qué no nos gusta? ¿Qué hay en él o en ella que nos parezca aburrido, excesivo, estúpido o incluso feo? Analicemos tanto el físico como el ''alma'' de esa persona. Su personalidad. Su forma de tratar a la gente. Su forma de tratar conmigo... Si esa persona te gusta, tu intuición habrá acertado. Si no, puede que estés cerca de alguien que sí te guste realmente. Lo importante ahora no es eso. Lo verdaderamente importante para nuestro experimento es llegar a una conclusión, a un pequeño cómputo de lo que te gusta lo que no te gusta de la persona analizada. Estamos intentando sentir cómo sería estar enamorado de esa persona. Así que pensemos en lo que harían dos enamorados. En cómo os comportaríais. En qué os podríais decir. En lo que todos sabemos que significa la palabra amor. Y no olvidemos que esto es tan solo una ficción. ¿Y qué? Recordando que estamos enamorados de esa persona, o que nos gusta... ¿cuántas virtudes y cuántos defectos tiene a nuestro ojos? Seguramente tendrá tantos defectos como virtudes (si no sería muuuyyy rarooo). Pero es probable que, instintivamente, apartemos o minimicemos los defectos, agrandando las virtudes. Así pues, si concluimos, no olvidemos que ficticiamente, al final, que le/la queremos... ¿Nos importarán algo sus defectos? Nos gustará, al final, si no todo, casi todo. O al menos, no será un impedimento para empezar una relación con esa persona (pero no olvidemos que esto es pura ficción es muchos casos...). Y al fin... estamos enamorados de esa persona. Reconocemos que hay muchas cosas de ella que no nos gustan. Sin embargo, ¿qué nos importa? A la hora de estar con ella, estaremos con toda ella. A la hora de hablarla, de aguantarla, de tocarla... No nos importarán lo más mínimo sus defectos, si es que ya, embebidos por la ceguedad del amor, vemos alguno en él/ella. Así pues, si amamos a una persona, o la queremos como amigo/a (porque el experimento lo he planteado en materia de amor, para también la amistad (¿es un tipo de amor? Para otra entrada ;))) la querremos a ella entera, no sólo a su cara, por es bonita y su cuerpo es feo, o a una parte de sus pensamientos, porque son los que me dan la razón. No sólo querremos besar una mejilla de esa persona ni coger una sola mano; no solo le aguantaremos una hora y a la siguiente nos iremos; no solo hablaremos con ella de un tema si no también de otros más incómodos; o no sólo daríamos media vida por ella en vez de la vida entera.
Interesante esto del amor, ¿verdad? Un tema filosófico como otros. No sé por qué los filósofos no le han prestado tanta atención como a otros...
¿Y qué tal el experimento? (A mi no me ha hecho falta imaginarme mucho de lo que he escrito... :))
Pues, al igual que si queremos a una persona lo hacemos por completo, a toda ella, con defectos a sin ellos, así amamos los que nos llamamos filósofos a la bella Sofía. No puedes elegir entre una de sus partes, porque son éstas tan extensas, tan grandes y complejas, tan interesantes... ¡Todo es complejo e interesante! esto es lo que lo hace atractivo. Indagar en esa cpmplejidad no hará más que aumentar cada vez la misma, a la vez que se incrementa también el grado de interés. A una persona a la que le gusta mucho escribir y la Literatura, por ejemplo, y que se declara filósofo no le puedes decir que no le vas a hablar de física cuántica porque no le interesará o le resultará muy complejo, pues seguramente él te dirá que si no se lo explicas, claro que le resultará complejo. <<Es que eres de letras>> ¡¡Error!! Eso no se lo puedes ni mencionar nunca a una persona así. Porque es una aberración para una persona que ama al conocimiento. A un filósofo no le interesarán sólo la astronomía y la física; le interesarán éstas quizás más que el lenguaje y el condicionamiento, pero no dejaría a estos olvidados sin sumergirse en sus aguas. Y, cuanto más beba de ellas, más sed tendrá. Así pues, he encontrado una bonita metáfora para describir estos hechos:
Tenemos un navío en un mar enorme. Éste navío sufre una gran tormenta y se rompe con la fuerza de ésta. Los marineros consiguen llegar a una pequeña isla en medio del enorme mar. En esta isla no hay agua dulce. Tan sólo la del mar: salada. Los hombres se ven obligados a beber de este agua salada. Pero al estar salada, claro, cada vez tienen más sed. Y cada vez beben más agua. Y cada vez tienen más sed. Y así hasta que mueren.
Tenemos un navío en un mar enorme. Éste navío sufre una gran tormenta y se rompe con la fuerza de ésta. Los marineros consiguen llegar a una pequeña isla en medio del enorme mar. En esta isla no hay agua dulce. Tan sólo la del mar: salada. Los hombres se ven obligados a beber de este agua salada. Pero al estar salada, claro, cada vez tienen más sed. Y cada vez beben más agua. Y cada vez tienen más sed. Y así hasta que mueren.
Un filósofo, cuanto más sabe, más quiere saber, y más cuenta se dá de que en realidad no sabe nada. Y así quiere saber más, y entonces más sabrá y más se dará cuenta de que no sabe nada y más querrá saber........
El conocimiento es infinito; el hombre es finito. ¿¿??
Así pues, un filósofo se interesa casi por todo, si bien puede centrar sus esfuerzos en uno o varios temas que son de especial de interés para él, sin olvidar el resto. Si no, no sería amante de la sabiduría, si no tan solo, de una parte de la sabiduría.
ÁngEl
Madre mía que reflexión te ha salido, muy bn. Has sacado unas buenas ideas. Gracias por citarme, mis preguntas sé que son un poco impertinentes y escalofriantes, pero de ellas se saca alguna pequeña reflexión. Me ha gustado mucho eso de comparar por una parte los hombres del río de agua salada y por otra, la de un hombre filósofo. Jjeje tal vez cuando llegamos al compromiso de quererla realmente a esa mujer, nos demos cuenta de que por muchos defectos que tenga y otras muchas virtudes, la vamos a seguir queriendo porque ella sea así.
ResponderEliminarUn saludo, ;D